Gordiola y La Fiore de Mallorca

Aunque en nuestra historia conocida son muchos los hallazgos que surgen tras años y años de estudio y dedicación, lo cierto es que la lista de descubrimientos que tomaron la casualidad como punto de partida es igualmente relevante. Inventos como el vidrio soplado que surgieron de la nada por pura casualidad y que han terminado por convertirse en una auténtica industria artesanal en puntos como Mallorca.

Para dar con los inicios de una de las tradiciones de Mallorca más emblemáticas, nos tenemos que remontar nada menos que al año II a.C, época en la que recibimos la influencia de los fenicios. Esta civilización oriental no sólo fue famosa por su fuerza conquistadora sino por la riqueza de su cultura en la que el color y el vidrio eran notas dominantes.

Implantada la técnica en Mallorca, y con una edad dorada que se fija en la época de Nerón, no sería hasta el año 1327 cuando nuestro territorio contaría con el primer horno oficial de vidrio soplado. ¿La ubicación? El bonito pueblo de Calvià, en la zona sureste de la isla.

Hablar del vidrio soplado en nuestros días es hablar de una técnica pulida pero tradicional en todos los sentidos y es que el proceso se sigue realizando como siglos atrás. Un proceso sin tecnología y sin ayuda de herramientas modernas y que sólo requiere de unos pocos instrumentos: vidrio fundido, un palo de hierro (o “canya”), unas pinzas y un horno.  Eso sí, el toque maestro lo da el artesano capaz de convertir lo que aparentemente es un globo de vidrio (tras soplar por el tubo) en una auténtica obra de arte que nada tiene que envidiar a la artesanía de vidrio soplado de Cataluña o de Murano (en Venecia).

Si bien son diversos los artesanos que han convertido las creaciones de vidrio soplado en su forma de vida, en Mallorca esta industria artesanal está representada por dos pesos pesados. Gordiola y La Fiore, dos marcas made in Mallorca reconocidas en el mundo entero por su calidad y su estilo inconfundible.

Los hornos de Gordiola

Con una tradición en soplado de vidrio que se remonta a muchos siglos atrás, la familia Gordiola es toda una referencia del sector. Y es que según la historia, fue un comerciante catalán llamado Gordiola el que -allá por 1720- financió el primer horno de vidrio de Palma, solicitado por el artesano Blas Rigal.

Tras varios años de aval, la familia Gordiola decide tomar el mando de la fábrica colocando al frente de la misma al miembro más joven de la familia, un artesano que había estudiado las bondades del vidrio en Venecia. Y si bien la marca sufrió altibajos en su momento, lo cierto es que en el siglo XVIII los nobles de medio mundo contaban con lámparas realizadas por los artesanos y por jarrones que nada tenían que enviar a los venecianos.

Si os hace conocer de cerca el proceso, hablar con los artesanos y comprar algunas piezas de recuerdo, no podéis dejar de visitar su taller en la carretera que une Palma y Manacor, a 40 minutos de nuestro Blau Privilege Porto Petro Hotel & Spa.

Las formas imposibles de Lafiore

Aunque vemos sus creaciones en los escaparates de las tiendas del aeropuerto de Palma y de otros tantos puntos de la isla (como Valldemossa o Deià), Lafiore es otra de las marcas referencias en lo que vidrio soplado se refiere.

Fiel a la forma de trabajar el vidrio soplado y aunque las creaciones de Lafiore (que se pueden visitar en su taller ubicado en la carretera de Valldemossa) son una auténtica explosión de color, la marca es pionera en la utilización de los hornos de fusión del tipo “day-tank”. Un tipo de horno en los que se pueden realizar piezas más originales y complicadas.

Más allá de nuestra gastronomía y de la belleza natural de nuestro paraje, Mallorca es artesanía pura y dur. Muestra de ello son los tradicionales siurells o el vidrio soplado del que hablamos con detalle, dos elementos muy presentes en nuestra geografía con una historia que merece ser contada y leída.

La Mallorca más auténtica con Blau.

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